lunes, 29 de junio de 2020

Son las 7:00 a.m cuando inicio mi diario caminar orilleanndo la playa, hoy absolutamente vacía. 

                                                                                                        El cielo se esparce en grises
para dar a las olas cierto aspecto de camuflaje, que acompaño con mis gafas de sol.  
Se me hace raro no ver a las cuatro o cinco personas habituales: la joven  yogui que viste túnica de gasa con la que danza sus asanas y se desnuda para el baño; el hombre mayor que sentado encima de un tronco contempla meditativamente el horizonte; el joven subido a su tabla de surf, aprendiendo la difícil asignatura del equilibrio; la octogenaria atlética que me adelanta cada día  con un paso rápido hacia la eternidad y yo misma caminando sin intención alguna dejándome acariciar por la brisa y el agua. 
Otros van llegando, más tarde, para ejercer también su particular ritual con el mar como altar.
Disfruto de este momento del día y entro lentamente en las aguas frías para nadar sin guardar la ropa y escuchar de cerca el silencio de las olas cual lamento por la ausencia de luz.
Tranquilas, les digo, que por el horizonte ya empieza a clarear... 

martes, 23 de junio de 2020

Vuelvo al lugar donde quiero estar en este tiempo. Abiertas las heridas para ser atendidas por un gregal avivado que susurra sobre el mar remedios para mis males.
Mi mar, que atendió tantas súplicas, que derrotó tantas inquietudes, hoy me recoge de nuevo en un acto de salvamento que sólo yo puedo agradecer. Me aleja, me trae y me deja flotar mientras el cielo me sonríe y el sol me reconforta.

Salimos lentamente de un tiempo difícil y plagado de miedos. Caminamos con heridas de incertidumbre y dolores nuevos, intentando llevarnos al corazón alguna alegría que sirva de muleta y guía.

Y aquí estoy, en la vida, sintiéndola como una oración y un gozo, como un camino y una meta. Rodeada de naturaleza y de silencio, solo interrumpido por los sonidos amigos: el viento, las olas, el canto estruendoso de las gaviotas, el trino delicado de los ruiseñores, las voces queridas y algunos pensamientos impertinentes.

Vivir decía en el meridiano de lo que És y lo que Soy, entrenándome en el presente que no cesa. Hundiendo el sufrimiento en la marmita mágica de lo que ya pasó y esperando que el druida adivine mi propósito y me sonría.

Bailan suavemente el miedo con la bondad, melodía de células vibrando entre claroscuros. Mientras, vago respetuosamente y mis pasos me guían...